sábado, 30 de junio de 2012

GUYANA : UN PAIS PARA SACARSE LOS ZAPATOS Y COMPARTIR EL CIELO



Una bicicleta podrá ser un vehículo modesto, pero animadas por la energía correcta, estas estructuras metálicas delgaduchas pueden reivindicarse como poderosos pegasos teletransportadores. Lo que viví recientemente lo atestigua. Era una mañana cálida y soleada en un suburbio residencial en las afueras de Georgetown, Guyana.  Yo me abandonaba a esa breve meditación zen que implica pedalear y amaestrar la versión mas accesible del equilibrio que tenemos los hombres. Buscaba una tienda donde comprar algo para desayunar. Lau me esperaba en la casa que nos habían prestado, acaso aun se desperezaba bajo el mosquitero. Fue, como la magia y el amor, instantáneo y nunca gradual.  Un viento cruzado, filtrado desde todas las cocinas del barrio, me trajo el aroma del curry de forma tan contundente que sentí como si hubiera sido raptado por un puente invisible hacia la India. Por el momento no deseaba indagar el espejismo, y prefería dejar que el hilo de incienso, ya transformado en un brazo hercúleo  me hiciera despegar como la bicicleta de ET.





Tras un año de homogeneidad cultural latinoamericana (arquitectura colonial española, iglesias siempre dedicadas a San Francisco o a La Merced, mismo idioma con distinta tonada, etc) confieso que fui feliz y me conecte con la pluralidad insondable del planeta. En un pestaneo evoque India, Laos y tantos otros sitios donde alguna vez me sentí bendecido por un indecible sentimiento de extranjería  Al aroma del curry se le sumo entonces el tono agudo de las cantantes hindúes  Finalmente y como para knockear cualquier pretensión de reinstalarme mentalmente en Sudamérica y cederle pista a la fantasia, un grupo de vacas sagradas asomó al final de la calle, lenta como una caravana de dromedarios, campeando senioralmente y masticando los camalotes que flotaban en los canales alineados con las casas de madera de dos plantas. No estaba acaso en la India? Cada golpe de pedal me acercaba, en mi mente, a los jardines de Taj Mahal. Entonces, al doblar la esquina, una familia negra me saludo en ese ingles caribeño en donde cada palabra parece la chispa de una rebelión  Tuve que bajarme del caballo. No estaba en India, recordé, sino en la República de Guyana, limítrofe con Venezuela y a mundos de distancia al mismo tiempo.




Ahora podía recordar todo con mas claridad. Habíamos entrado al país desde Boa Vista, en Brasil, y viajado por la Sabana de Rupununi con buscadores de oro colombianos que andaban sin pasaporte pero con una palangana de cazafortunas para aventurarse en ríos infestados de malaria. Habíamos luego cruzado la selva amazónica en un camión Bedford de los años 70 que las ramas de la jungla hacian sonar como un xilofón oxidado. Fueron 560 km de tierra y pantanos en los que contamos 20 viviendas. El pais parecia devuelto en bandeja a la naturaleza. En una aduana fluvial sobre el río Essequibo habíamos dormido, y observado a los nativos amerindios beber cerveza Guinness, un extraño side by side que anticipaba la influencia anglosajona. Y, sobre todo, habíamos aceptado la invitación de Danielle, el dueño del camión, a utilizar su segunda casa en las afueras de Georgetown. 


El habia sido el primero en explicarme la armonia en que viven negros e indios (de la India), sean estos cristianos, hindues o musulmanes. Herencia del colonialismo britanico que tiro la piedra y dejo el experimento en marcha, ambas razas introducidas, desplazaron a los amerindios y se constituyeron en los ingredientes fundadores de la Republica de Guyana. Los negros habian sido –como siempre- traidos como esclavos por los ingleses para trabajar en las plantaciones de cania de azucar. Cuando en 1838 se abolio la esclavitud, los ingleses –que necesitaban seguir propulsando con materia prima su revolución industrial-  recurrieron a mano de obra barata de la India, otra de sus colonias, empleada bajo contrato voluntario. Los primeros contingentes cabian en dos barcos, el Hesperus y el Witby. Ahora, conforman el 43% de la poblacion. Mientras observaba a Danielle hablar de respeto interracial y alimentar sus pajarillos tua-tua, identificaba en sus palabras, tanto el exacto acento como la misma tolerancia que, sobreviviendo al viaje transatlantico y al imperio britanico, dotaban a Guyana, el segundo pais mas joven de Sudamerica, con una pizca de sabiduria milenaria.

UN BARRILETE PARA COMPARTIR EL CIELO




No fue dificil constatar que Danielle no mentía : a la mañana siguiente, lunes de una Pascua celebrada segun un calendario propio, nos acercamos al Sea Wall, o costanera, a presenciar una remontada masiva de barriletes (kite flying). No, no es que todos los guyaneses hayan sufrido una súbita reversión a la infancia, sino que aqui los cristianos festejan las pascuas simbolizando con las cometas la ascención de Cristo a los cielos.



Familias negras, indias y mestizas se agolpaban sin distincion a beber gaseosas para combatir los 27 grados de temperatura anual promedio, mientras sus hijos, armados con ovillos de hilo, compartian el cielo, que de pronto es lo suficientemente amplio para alojar a Allah, a Shiva y a Jehova. Tironeando cada uno de su cuerda, convidaban esa impronta eterea colorida, y el cielo se volvia  una plaza infinita donde jugar, no un campo de batalla teologico. En algun momento, la minoria afrodescendiente intento imponer sus propias leyes. En algun momento, no te daban un trabajo sino tenias un nombre cristiano.

SACARSE LOS ZAPATOS MENTALES



Para dejar de espiar por el ojo de la cerradura y tomar por asalto el corazon de Guyana nos decidimos a visitar un Mandir, o templo hindu. En Guyana hay, normalmente, una mezquita, una iglesia y un mandir en cada barrio, y nunca se registran incidentes. Antes de entrar, una mujer envuelta en un sari color azafran nos invito a dejar nuestro calzado en el tapete, como dicta la etiqueta asiatica que aqui gobierna hogares y templos. En ese momento me di cuenta que, de manera similar, tambien me habia quitado los zapatos mentales antes de pisar Guyana. Por que? Esencialmente, porque todo lo caminado previamente se vuelve un equipaje obsoleto, inutil. Hay que voltear la pagina para curtirse con nuevos vientos, y hacer las paces con la idea de que America es algo mas que Latinoamerica. Parece algo sencillo, pero es necesario dejar de lado al macho alfa cultural que llevamos dentro, acaso un resabio de resentimiento por la influencia inglesa en el continente. Guyana es, de hecho, el unico pais de la Commonwealth en la tierra firme sudamericana, y el unico donde el ingles es una lengua oficial. Aqui nadie escucho hablar de San Martin ni de Bolivar. Bob Marley –un vecino- tampoco los conocia. En tiempos en que los viajes por America de punta a punta estan en voga, me parece oportuno señalar que hay algo mas alla de Venezuela. Tenemos un pais hindu en Sudamerica, al que se puede llegar por tierra y sin visa. Espiritus exploradores se buscan… 

LA INDIA EN SUDAMERICA


Volviendo al templo, ingresamos en una sala amplia y acolchada, donde un grupo compacto y relajado entonaba canticos en sanscrito frente a un altar exquisitamente decorado. Las deidades hindues, con sus rostros marmoreos, enfrentaban a los fieles. Alli estaban Shiva –dios creador y destructor- y su consorte Parvati, Krishna con su flauta, Vishnu, el preservador del universo. Para quien no este familiarizado con esta religion, las figuras pueden parecer entre enigmaticas y disparatadas. Un hombre con cabeza de elefante (nuestro querido Ganesha), otro de piel azul , o con cara de mono, dioses con rostros a cada lado de su rostro. Lo primero que hicimos fue dejar unas ofrendas florales a los pies de Ganesha –protector de los viajeros-. Queriamos dejar claro que eramos mas que dos simples gringos con camara. Habiamos cortado las flores de los jardines del barrio, porque, segun nos habian indicado, los vecinos eran concientes del destino sagrado de las flores, y nosotros sabiamos de antemano cuales eran las casas hindues porque se encuentran senializadas con las banderas de Shiva.   De reojo vimos las sonrisas de aceptacion, y regresamos a los canticos. Los presentes al igual que nosotros, no entendian lo que cantaban, porque los indios occidentales perdieron el idioma de sus ancestros hace generaciones. Estabamos empardados en la ignorancia, lo que nos permitia proyectar nuestra fantasia sobre el encanto fonetico de los himnos.

Algo no puede dejar de decirse sobre los templos hindues : son sitios mucho mas alegres que las iglesias. No habia en la pared ninguna persona muerta y crucificada. Por lo contrario, las imagenes reflejan aspectos sumamente humanos y menos heroicos. En un cuadro, Shiva miraba a su mujer Parvati con aires de galan porteño, mientras ambos se balanceaban en un columpio de hiedra. Y ella, retratada como una geisha sensual de pesteñas arqueadas, le hacia ojitos… En todo caso, el hinduismo me tiro alguna que otra linea cuando me fogueaba en mis propias revoluciones internas. La idea de maya, del universo como creacion del pensamiento, fue buena medicina para relativizar los mandatos sociales. El ancla del pecado, y su culpa asociada, son en comparacion una matriz peligrosamente  transferible a otras dimensiones de la libertad. Por eso tanta gente siente culpa a la hora de llevar a la practica sus planes de viaje. A pesar de tener el tiempo y el dinero parece detenerlos algo intangible…

Despues de los cantos los hindues compartieron con nosotros bocadillos vegetarianos y una mujer nos invito a cenar a su casa. Era un hogar humilde. Su sobrino la mantenia desde Canada. En una cocina a kerosene cocino un pollo al curry. Y de postre le obsequio a Laura ropas que le habian enviado de norteamerica. Laura no pudo evitar esa tarde en Udaipur, India, cuando una mujer la detuvo por la calle para obsequiarle sus pulseras, y asi asegurarse que se llevara una buena imagen de su ciudad. Esa gentileza, tambien encontro su eco en Guyana. Nuestra anfitriona lo expresa con sus palabras. Para ella Krishna, Allah o Jesucristo son la misma cosa, lo importante es como nos comportamos con los dioses que habitan dentro nuestro. La hospitalidad como puente entre dioses : bienvenidos a Georgetown.

---------------------------------------------------------------------------------------



¡Recuerden! para recibir en su casa nuestros libros “Vagabundeando en el Eje del Mal” o “Un Tango en Tíbet” sólo nos tenés que mandar un mail a acrobatadelcamino@gmail.com 

¡El libro espera a todas las almas nómadas que necesitan un empujón para salir a recorrer el mundo con la mochila! Los enviamos por correo a todo el mundo. Más info aquí  ¡Gracias! 

Publicar un comentario