domingo, 29 de agosto de 2010

EVENTO EDUCATIVO EN LA ESCUELA MEDIA NRO. 7 – SAN NICOLAS


Pasó mucho tiempo desde que Laura y yo realizamos el último evento educativo del proyecto que coordinbamos con el Movimiento Mundial para la Salud de los Pueblos. Esto se debió a muchos factores, pero principalmente a que estuvimos dos meses quietos en San Nicolás de los Arroyos, con todo tipo preparativos, y aquí las escuelas resultaron bastante burocráticas a la hora de aceptar un proyecto tan poco tradicional como el nuestro. Con mucha amabilidad, siempre se nos pedía que dirigiéramos nuestro proyecto a la Dirección General de Escuelas, a la Inspección, especificando nuestros objetivos. Nos parecía extraño tener que pedir tanto permiso para algo que en definitiva es gratuito y de índole cultural. En una época en que los chicos reciben contenidos chatarra desde todos los ángulos sin restricciones ni mediaciones, en nuestra querida Argentina de “Bailando por un Sueño” que irrumpe en todos los hogares sin pedir permiso, ahí estábamos nosotros, Laura, yo, con una carpeta abajo del brazo, tratando de convencer a las autoridades educativas de San Nicolás de que decirles a los chicos que ahí afuera hay un mundo al que se puede llegar sin ser millonario no era un contenido subversivo.



Finalmente nos recibieron con muchísima buena onda en la Escuela Media 7, gracias a la gestión de Sandra Flores, profesora de Derecho en la institución. Nos costó primero ubicar la escuela, emplazada en el Barrio San Eduardo. Estábamos un poco dormidos: la noche anterior nos habíamos acostado a las 2 a.m.tras seleccionar las 130 fotografías exclusivamente para la muestra. Por primera vez combinamos fotos de Laura y mías en la misma proyección, algo que no habíamos tenido tiempo de hacer antes. (Esto quizás explique porqué los preparativos llevan tanto tiempo cuando además de viajar incorpora proyectos al viaje). Volviendo al evento, los chicos, de entre 16 y 18 años, eran casi cien. Esto hizo que primero nos apichonáramos un poco, sobre todo Laura, quien nunca había dado una charla para tanta gente. Lo que más queríamos evitar era que los estudiantes encontraran la actividad aburrida….



Pero eso no sucedió, por suerte. Por el contrario, fue uno de los eventos que más disfruté en mi vida. (En la foto de arriba, igualmente, se nos ve a Laura y a mí con cara de “y ahora dónde nos metemos”). Luego de que Sandra nos presentara, una de las alumnas pasó al frente y leyó la introducción de mi libro, que contaba un poco sobre mis primeros pasos como mochilero. Tras ese acto tuvimos la audiencia toda para nosotros. La escuela está en un barrio muy trabajador, donde nadie te regala nada, y allí llegábamos nosotros, a presentarnos como dos viajeros y mensajeros de un mundo. Nuestro proyector portátil estaba listo para empezar a disparar imágenes contra la pared. Pero la idea la teníamos clara. No queríamos mostrarles a los chicos imágenes sin criterio alguno para jactarnos de nuestras aventuras y quedar cómo héroes. El mensaje era el opuesto. “Chicos, cuando terminen la secundaria, agarren una mochila y una amigo que les haga la gamba, júntense unos manguitos, y váyanse al norte o al sur o a dónde quieran por un mes. A la vuelta van a ser otras personas y después van a tener todo el tiempo del mundo para ponerse a trabajar con horario fijo o entrar a al universidad”


Diploma que nos entregó la escuela en reconocimiento a la charla.

Con esta óptica la charla fue recibida con complicidad por los chicos, que se rieron mucho al ver las fotos de los “limpiadores de orejas” de India, que aportó Laura, o al escuchar la anécdota de cómo me caí en el foso de un ascensor en Turquía. A una pareja que se mimaba y besaba en la primera fila le dije: “Uds en irán ya hubieran ido presos”. Hubo risas en todo el salón…

Creo que en un punto ellos y yo estábamos sorprendidos de lo mismo: que en un salón de clases hubiera un tipo diciéndoles que salir a recorrer el país o el mundo a dedo era algo bueno, responsable, deseable. Y yo sorprendido de estar logrando eso mismo, porque siempre fue un sueño en mi vida, lograr que se valorara el viaje no sólo como estilo de vida extremo (que puede ser mi caso) sino que se reconociera el viaje independiente como una experiencia educativa para cualquier ser humano, generadora de empatía, conocimiento sobre uno mismo y sobre el mundo, y confianza, en uno mismo y –valga la redundancia- en el mundo. En ese sentido vengo encausando todas mis acciones en estos últimos dos años.

Paradójicamente, esto me llevó a viajar menos durante ese lapso, que fue el tiempo que me insumió preparar todo el proyecto, coordinar con el Movimiento Mundial de la Salud de los Pueblos, que donó el proyector portátil, hacer los papeles para que se declarara de Interés Cultural, golpear puertas hasta darme cuenta que el mejor apoyo y patrocinio no lo iba a tener en empresas, sino en mis propios lectores, que hacen posible esto con sus donaciones. Todo eso llevó tiempo, más considerando que en paralelo estaba haciendo todo lo posible para que “Vagabundeando en el Eje del Mal”, mi primer libro, se abriera paso hasta las librerías. Y como si todo eso fuera poco, en abril conocí a Laura. Mirar al mundo de a dos es algo que me está cambiando la vida. Y creo que ya me fui de tema y esto merece otro post, pero igual lo comparto con ustedes. Como decían los orientales: el tigre, antes de saltar, da un paso hacia atrás. Y por eso pasaron dos meses sin un post. Estamos tomando carrera para salir con más fuerza pero, sobre todo, con más claridad. Si todo continúa bien, en dos semanas estaremos partiendo rumbo a Ushuaia para tocar el fondo sur del mapa y empezar luego a trepar por el continente… con los sueños y los proyectos a la espalda.