viernes, 14 de julio de 2006

Pian piano si va lontano.... Movimiento, coherencia y quiero retruco en el Norte de India.

Muchos anios antes de que las aerolineas economicas y el interrail metabolizaran al nomadismo, haciendolo socialmente aceptable y acessible casi hasta el punto de la intrascendencia, tanto la policia norteamericana como la Inerpol conducian sus propias investigaciones tendientes a entender – y prevenir- el fenomeno de la transhumancia. Eran los tiempos del hippie trail y el Mayo Frances, y el movimiento de una generacion inquieta aparecia, en los ojos de autoridades que interpretaban la automarginacion como una forma mas de transgresion, sospechosamente alineado con la ideologia y la militancia. En su libro “Hitch hiking” (1974), Mario Rinvolucri copia fragmentos de estos informes, donde el oficial-redactor parece quejarse: “viajar, especialmente a dedo, parece ser la gran dicha de esta gente. Siempre estan en transito, o viniendo de Amsterdam o de paso hacia Estambul. Tomando vino y besandose en la via publica, son un espectaculo impresentable” –concluye el amigo inspector quien, en plena Guerra de Vietnam se las arregla para encontrar terrible a los vinos y los besos. Confrontados con la falta de consenso en casa, no habia major antidoto para los viajeros que el remanso ofrecido por sus propios bastiones, las playas de Creta, Estambul o el Norte de India. En Argentina El Bolson o San Marcos Sierra. Pero la intolerancia se exporto rapidamente y pronto la policia nepali arrestaba y deportaba a los lideres de comunidades alternativas que se asentaban en los alrededores de Pokara o Katmandu. Como en los tiempos del antiguo Imperio Romano, cuando anticipando la “Ley de Residencia” medieval, el campesino era obligado a permanecer donde habia sido registrado en el censo. A uno de estos viejos santuarios de viajeros, a Mc Loed Ganj, en el norte de India, habia llegado.

Mi primera impresion de Mc Loed fue la de un compacto crisol de monjes tibetanos, yvacas y viajeros de pelo largo al manubrio de sus Royal Enfield –una motocicleta hindu basada en un modelo ingles de 1955. El segundo memento que asocio con McLoed son sus muros saturados de posters que auspician cursos en yoga, meditacion o cocina tibetana. El pueblo ha realizado una pirueta de ajuste –y bastardizacion- y es ya inseparable de sus visitantes. Habiendo viajado por Iran y Afganistan en relativo aislamiento cultural, no me costo en absoluto tomar la decision de hechar ancla un par de semanas, una estabilidad que no habia conocido en catorce meses de marcha. McLoed se volvio asi como un estudio de TV, con el telon abriendose cada maniana sobre ciertas invariantes, en particular la terraza del View Café. Alli charlaba con un hippie lo suficientemente canoso como para recordar Afganistan en tiempos pacificos y arrobarse tiernamente ante el recuerdo de los inviernos en Qandahar, cuando un sujeot que hasta enntonces solo se dedicaba a hamacarse en el sillon de mimbre de la esquina y a prepararse whiscolas me dirigio la palabra: “sos argentino?”

Daniel era una artesano –aunque preferia llamarse a si mismo joyero- de Quilmes que residia en Canarias, y habia viajado a la India para comprar piedras en Jaipur, capital mundial de la gema. Finalizada su tarea se habia dado cuenta que gastaba menos en India, durmiendo en hoteles y comiendo en restaurtants, en perpetuo descanso, que en la Espania del euro, y habia decidido, como muchos, quedarse hasta el ultimo dia de su visa. Lo que no es poco tiempo en un pais que da visas de seis meses. No tanto por el parche negro en su ojo izquierdo como por su pose contemplativa, cada dia, en el sillon de mimbre, comenzamos a llamarlo “el Capitan”. Y hablo en plural porque hacia el atardecer el View Café, que tambien era hosteria, habia revelado la presencia de otros latinos: Sergio y Andres (a quien habia conocido seis meses atras en Cairo) de Chile y Helena de Espania.

- Tengo whiskey, abrigo, y naipes, todo lo que necesito – afirmaba el Capitan, con el placer de saber que tal afirmacion nos dejaba al resto pasando lista mentalmente a todas las items superfluas que cargabamos en nuetras mochilas. Paralelamente, el comantario me hizo reflexionar sobre el declive historico –en picada- que habia sufrido el lugar, otrora pantalla para el coqueteo y el esnobismo de una aristocracia inglesa que entre cocktails y sirvientes se jactaria de suposicion, ahora aguantadero de artistas emprobecidos que hacen del desarraigo en centro de su orgullo.

- Yo llegue a Canarias –seguia el Capitan- sin zapatos, ni un duro tenia, el pantalon que me habian regalado me qeudaba asi, ni cinturon tenia, atado con un hilo. La vida del artesano es asi, un dia pobre, un dia rico….me encanta!” Sin embargo, algo no habia cambiado, Hill Station o Hippie Station, eran siempre los locales sirviendole el te al gremio mas rico de turno.

En las semanas que siguieron me dedique al burgues y novedoso placer de tener un vecindario. Por la tarde, era una cita tacita la que nos convocaba en el View o en el Trimurti para jugar al truco. Sergio y Helena habian aprendido rapido y, aunque era demasiado esperar que cantaran bien el tanto, se podia jugar de a cuatro, proveyendo que hubiera un argentino por equipo para evitar que el envido lo cantara el mozo. “Voy!” –diria en un caso promedio Helena arrojando un ancho de espada para cerrar la tercer mano… y el Capitan camuflaria su rabia simulando observar a la mezcla de monjes y turistas que circulaba debajo. McLoed en si es un pueblo que no por ser sede un gobierno en el exilio pierde su aspecto general de granja. Las plegarias tibetanas, sutras budistas pintados sobre panios de color izados en sogas que el viento diluye en el cosmos, le dan al escalonado conglomerado de albergues y casas una apariencia mestiza entre cumpleanios y puente de barco. Habia en McLoed suficiente cantidad de templos y afines para mantenernos ocupados una semana, pero me costaba ver al pueblo como algo distinto a un soporte estetico con cuyo fondo cada uno daba cauce a una busqueda personal. Estas busquedas pueden diferir radicalmente entre si. Bastaba con activar el oido lateral en el View Café para darse cuenta de que alli era posible dar la vuelta al mundo en 80 locos. Todos alli estaban mas o menos invoucrados en una serie de disciplinas que iban desde el reiki –que mas tarde termine yo mismo estudiando- hasta la medicina ayurvedica. En particular nos llamaba la atencion la industriosidad con que “la gente sobre los almohadones” se reunia cada noche a trabajar sobre el calendario maya. Liderados por un suizo con una preocupacion escolastica por la naturaleza del 29 de febrero, el grupo deriva las predicciones astrologicas para el dia siguiente, las que publica en tamanio A4 en la terraza del café. Asi, si uno pregunta que dia es en McLoed, lo mas probable es que la otra persona responda “dia de la luna roja autoexistente” o “dia del mono azul”. Con titulos aparentemente tan poco propensos a ser cimiento de rutinas, quien puede extraniar el Lunes o el Martes? Otras veces hablan de baktunes, ciclos de 52 anios. Y cuando pasan 52 baktunes dios me libre, agarrate Catalina, agarrese el mismo Shiva. Regresando el oido a nuestra sudamericana mesa, el Capitan discutia con Andres el kilometraje que un litro de gasolina permite en los distintos modelos de Royal Enfield, que 35, que 40 kilometros por litro. Alguien dice que con una Honda 125 se puede hacer hasta 60 kilometros por litro. “Pero eso es una bicicleta gorda!”-se queja el Capitan. Sergio por su parte propone una clasificacion de los pezones, y pregunta si dureza y diametro deberia agotar las variables.

Visto asi parece que se tratara de una logia de bebeodres de café sensibles al misticismo. Y hasta cierto punto gran parte de la rutina en McLoed discurre justamente asi, en constante traslacion de un café a otro, rotando la compania y la conversacion. Claro que ante una policia reticente a interferir con el bendito turismo la libertad de conciencia es el unico moderador y el café o el chai terminan siendo notas al pie de pagina de la marihuana o el hashis. Es una polemica usada, que nuestra sociedad, demasiado temerosa como para abrazarla pero demasiado interesada como para rechazarla soluciono hace rato con el quiste de la clandestinidad. Es sin duda una cuestion de perspectivas, pero me sorprendio la tranquilidad con que una pareja inglesa fumaba regularmente en frente a sus hijos. Solo manifestaron el temor a que sus hijos se contagiaran prejuicios a traves de la escuela.

Con el pasar de los dias, otras capas de la cebolla se hacen inteligibles, y uno conoce a la gente que confirma que McLoed es mucho mas que un destino para un colorida multitud que quiere pasarla bien en un pais barato y relajado. De las muchas personas comprometidas que conoci la memoria rescata a Jari, un ecuatoriano que desde hace cuatro anios estudia medicina alternativa en India, aunque esta igualmente capacitado para curar una gripe con topacios o para dar una conferencia sobre el Bhagavad Gita, el un racconto del drama mitologico hindu, que Jari considera un relato semi-historico. A su juicio, nuestra civilizacon es la inercia corrupta de una era dorada olvidada, cuyos ecos llegaron a los oidos de los escribas del libro sagrado. Mientras nos instruye en un elegante estilo que hace uso de preguntas retoricas cual profesor universitario, nada parece desdoblar la atencion de la sueca que no deja de tejer un sweater naranja con la leyenda: “Slowly, slowly…ful power”, lo que ademas de ser una version hippona del “pian piano si va lontano” que nuestros abuelos contrabandearon en los barcos resume bien la filosofia prevalente a nuestro alrededor, la fe en los caminos alternativos de los visitantes, y el estoicismo con que los tibetanos mantienen su exilio. Con el mismo criterio, los habitantes de la comunidad autonoma de Cristiania, en Dinamarca, han decorado sus monedas con el caracol. Menos intimidante que el aguila bicefala de las monedas rusas pero sin dudas mas significativo. Tambien como Cristiania, McLoed ofrece reparo de la norma al viajero y al innovador. Otra verdad que es que, no importa que tan reconfortante sean los puertos, los barcos fueron hechos para la mar. Y de este mar muchas veces, nunca se vuelve, eso lo saben bien los pescadores y marineros. Los ultimos dias en Mc Loed fueron solo tristeza: por mail me entere que Kinga, inparable autostopista y escritora polaca, habia muerto de malaria en Africa. En su viaje de siete meses por Africa habia cruzado Burkina Faso en un camello blanco y salvado de la esclavitud a una ninia en Ghana. Por eso considero coherente cerrar un articulo sobre la confianza en los caminos dificiles con quizas la frase mas celebre que Kinga dejo a la familia viajera: “Cada suenio nos es dado con el poder para hacerlo realidad”. Slowly, slowly…full power.