viernes, 24 de febrero de 2006

Otra vez Adana...

Como siempre, mis socios en Adana, sur de Turquia, son los hermanos Mesut y Mustafa, de Hospitality Club. Cuando el bondi que me traia desde Kilisi llego a Adana era pasada la medianoche, por lo que decidi llamarlos a la maniana siguiente. para eso debia acampar, cosa que hubiera sido facil si la autopista no hubiera estado rodeada de redes de contencion. Por mas que trepara las escarpadas faldas parquizadas, siempre en la cima habia una red de tres metros de altura. Me sentia en un zologico... Finalmente encontre una cera rota y acampe del otro lado. Por la maniana Mesut me paso a buscar por el negocio de venta de alfombras desde donde me dejaron llamarlo y donde me dieron de desayunar. Ya en su casa, como siempre, un desayuno digno de un sheik... En los dos dias que estuve en Adana no faltaron ningun de los clasicos, a saber. La BBQ en la loma del traste, estos hermanos le gusta salir a asar un pollo o tirar unos pescados a la parrilla, pero no pueden hacerlo en el jardin de su casa. No, tienen que ir a un pueblo perdido en las montanias. La comida fue tranquila, a pesar de que estar acompaniados no por violines, sino por dos sujetos que probaban un rifle de guerra magnum recien comprado en el mercado negro por 80 dolares. Tampoco falto el amigo alcoholico. Esta vez se llamaba Mehmet, y tenia la peculiaridad de comenzar a hablar fluido ingles luego del 3er vaso de raki. La sopresa de la visita fue enterarme que Mustafa y Cristina esperan un nuevo hijo! Finalemnte parti hacia Ankara a sacar mis visas. Como siempre, de Adana me tiene que sacar mi super-yo...

TRANSITO DE EGIPTO A TURQUÍA: CUENTOS DE ADUANAS Y PUERTOS HERETICOS


En transito desde Egipto hacia Turquía, esta vez solo inflaba mis velas la mundana necesidad de hacerme de las visas necesarias para Irán, Afganistán y Pakistán… Los retratos desteñidos del presidente sirio Bashar Al Assad marcaron formalmente el regreso a mi querida Siria. No muy lejos de allí un cartel no deja lugar a dudas del calibre democrático del país, y anuncia: “Bienvenidos a la Siria de Al Assad”. Es una bella mañana de pavimento mojado y autos lavados por la naturaleza. Hasta los viejos taxis sirios Dodge Coronet (imagínense un Fairlane) recibían ese brillo pluvial de yapa aun 40 años después de haber salido de la concesionaria. Los funcionarios de frontera parecen intuir mi amor por la filatelia y saturan una página de mi pasaporte con nueve estampillas. Superpuestas y mal pegadas, obliteradas a su vez por dos matasellos rectangulares que nadie jamás leerá. Privilegio de la argentinidad, visa siria en la frontera en veinte minutos, que al colega nortemaricano le cuesta un par de semanas de trotes diplomáticos en la embajada siria de su país.



Un kebab invitado al costado del camino por un desconocido es suficiente para poner en evidencia la marca registrada siria, en el exacto momento en que el vendedor del kebab rechaza el pago al desconocido sabiendo que el kebab es para mí. La marca registrada siria es la dignidad. Llegue a Damasco en el camión de un hombre cuyo conocimiento de francés incluía el vocablo autostop, pero que nunca había visto a nadie hacer dedo. Así aminoro la marcha y de un grito cotejo significado con significante: “¿autostop?” En Damasco pase dos días con mi amigo Ezzat. Todas las visitas a Ezzat terminan en discusiones teológicas entre el humo del argilleh, a veces haciendo una pausa para competir en los dardos con su hermano el jihadista. De Damasco salí en un De Soto 54 de varios metros de eslora, una gentileza de despedida de Siria. Hacia Aleppo directo pensaba que iba, hasta ser levantado por un veterinario que iba a Tartous en un Dacia Solenza.


Para decidir que Tartous justificaba el desvío me basto recordar que ese antiguo puerto fue el último bastión de los Cruzados en tierra firme allá por el siglo XII, y también la puerta de entrada de la yerba mate en Siria en los años 50 en el equipaje de emigrantes repatriados. No cualquier puerto se puede jactar de haber visto entrar a los Caballeros Templarios y a la yerba mate! Buscando conexiones inexistentes, uno advierte que los cruzados en retirada lucían en su estandarte la cruz de malta, y esta volvería a entrar 800 años mas tarde en los paquetes de yerba. ¿O será que los misioneros son todos masones?

En algo Tartous se parece a todos los puertos del mundo. Como todo puerto se las arregla para romper reglas, atenuar dogmas, arremangar vestimentas y mezclar religiones. Tan cerca de la playa pocas mujeres tienen ganas de andar con una sabana encima como piano viejo cuando hace 40 grados a la sombra. Lo mismo, explíquesele a los marinos del puerto, que navegan los siete mares, que la cerveza es anti-islámica. En un país que casi nunca perdona la trasgresión, la tolerancia a la transgresión es transgresión per se.




Fueron los marinos los que me llamaron a los gritos al verme merodear las calles, para compartir un whiskey. Uno de ellos había trabajado en un barco hondureño y hablaba español. Me alojaron y al otro día salí hacia el norte como autito a fricción. El destino final: Adana, en el sur de Turquía, a 630 Km. de Tartous. Piso la ruta a las 11 AM, previendo dos días de viaje. Al rato, sin embargo, había encontrado una familia de Tartous en un Toyota viajando hacia Aleppo en el norte de Siria, a 50 Km. de la frontera turca. Como el desborde puede ocurrir en cualquier momento, activo el zafarrancho rutero: cambio los billetes sirios restantes a dólares y con las monedas compro comestibles, incluyendo medio kilo de yerba, que quien sabe cuando volveré a encontrar a la venta.

Cuando me ven entrar en la oficina los oficiales de frontera sirios me preguntan donde deje la bicicleta. Les explico que estoy a pata, que vengo de Argentina. Debe constar en las actas históricas de nuestra nación, escriban los escribas, que el soldadito sirio que hace guardia en la frontera con Turquía considera Taragui superior a Amanda. Del lado turco los colimbas cargan ametralladoras que al menos tienen gatillo, y se quejan de que por la noche deben disparar por sobre las cabezas de contrabandistas de te sirios. Como la tierra de nadie entre los dos países no es transitable a pie me suben a un taxi con destino a Kilisi, la primera ciudad turca. Ya es de noche y cuando el taxista amenaza con bajarme en medio de la nada si no le pago USD 20 me doy cuenta que aprendí suficiente árabe para responderle con propina: “Allah es más grande que ti” le dije mientras me bajaba del taxi y caminaba en medio de la nada. La diferencia entre un egipcio y un sirio es que el sirio esta dispuesto a perder dinero para recuperar su honor, mientras que el egipcio cambia su dignidad por un cospel de Entel. Ni que decir que el tachero término rogándome que regrese a los gritos, y así llegue hasta Kilisi.

De allí a Adana eran otros 200 Km. A las 9:30 PM, hubiera sido una misión imposible. Pero el primer hombre al que en la calles de Kilisi le pregunte por la ruta a Gaziantep, próxima gran ciudad, fue un kurdo que me pago un autobús hasta allí. El próximo golpe de suerte ocurre cuando descubro que el autobús no se detiene en Gaziantep, sino que sigue hasta Adana, y el chofer no tiene inconveniente en viaje de polizón. Llego pasada la medianoche, demasiado tarde para llamar a Mesut. Algún vecino obstinado habrá notado la carpa no muy lejos de la autopista…

jueves, 9 de febrero de 2006

DE PARIS A BAGDAD EN 20 MINUTOS


El cartel señalizador que descuenta la distancia a Baris, el último de los Oasis, parece uno más de los espejismos con los que el desierto alienta a quien lo patea. Acto fallido o no, la particular interpretación del alfabeto latino de las autoridades de transito ha rebautizado al pueblo como… Paris! Buena manera de reafirmar el acercamiento de Egipto hacia Occidente…



Paris esta hecha de adobe, y carros tirados por burros comparten la calle central con pick ups de las que hasta una decena de hombres se apean, contra todo consejo del fabricante… En este Paris, la belle epoche se termino hace solo una década. Hasta entonces los parisienne emprendían regularmente caravanas de 40 días en lomo de camello hasta Chad, para importar un precioso ingrediente utilizado en la confección de jabón. Problemas limítrofes con Sudan y Chad finiquitaron el asunto y con el la prosperidad local. En todo caso, es agradable constatar que, tal como su prima sobre el Sena, esta manifestación africana de Paris también tiene su karma ligada a los cosméticos.





A los pocos viajeros que transportan su sombra hasta estas coordenadas les aguarda una policía siempre dispuesta a jugar a Tom y Jerry. Con el ruso lo intentamos todo, caminar más lento, o más despacio, siempre la camioneta de la policía seguía detrás nuestro a paso de hombre. Era como querer huir de la luna. Si se acercaban demasiado el ruso normalmente protestaba en nombre de los derechos humanos. Por mi parte últimamente me sale cantar Naranjo en Flor ante la primera pregunta que considero desubicada. En general, Egipto parece el peor lugar para intentar usar la lógica. Cantar, o cualquier otra opción emparentada con el absurdo suele ser más fructífera que la exposición silogística del Habeas Data. En Egipto simplemente no hay espacio simbólico para la noción de intimidad. No solamente porque se trata de una dictadura policial, sino porque el hacinamiento que los condiciona desde el nacimiento veda cualquier perspectiva hacia tal concepto. Con el 99% de la población asentada en las orillas del Nilo, podría ser de otra manera? Ni siquiera el sueño provee un escape de la saturación urbana: como si los bocinazos durante el día no bastaran, a las 5:30 AM el llamado a la plegaria interrumpe el descanso de trabajadores que sudan 12 horas por US$ 90 mensuales. "Allah es grande" –profesa en árabe los divinos decibeles, y nadie se queja, pues tal opresión se ha vuelto esperable y necesaria. Esta combinación de pobreza y apetito de dinero creado por la exposición al turismo hacen que cada mañana las calles y los mercados se doten de tripulantes que libran nerviosas existencias. Consecuentemente, carecen de la calma que da gracia a sirios e iraníes.


Volviendo al ruso y a mí, cuando finalmente nos libramos de la acústica robótica de los walkie tokies de policía, nos dispusimos a buscar la ruta que conecta los Oasis del desierto con el Nilo. Y aunque el horóscopo no decía que iba a ser una semana de homónimos, resulto que tal ruta partía de un pueblo llamado Bagdad. Solo en Egipto pueden Paris y Bagdad estar separadas por 12 kms de arena. Ya en Bagdad, encontramos rápidamente un camión con rumbo a Luxor, donde pasamos la noche en casa de la familia campesina de la foto. Nos pareció una experiencia mucho más rica que ir a visitar templos..


Entonces nos acordamos que había un futuro: una vez en Cairo, como sigue la historia? Aleksy sabe muy bien que mi ruta es Irak, Irán y Afganistán, pero disfruta intentar convencerme de alcanzar Irán bordeando el Cuerno de África y el sur de la Península Arábiga, es decir, vía Sudan, Etiopia, Djibuti, Yemen y Omán. Me cuenta de varios viajeros rusos que cubrieron la ruta sin mayores complicaciones que un par de coimas policiales en Sudan y poco transito de Yemen a Omán. Aunque es una variante tentadora, sigo firme con mi plan, primero porque carezco del presupuesto temporal para añadir 5 países, segundo porque es una oportunidad histórica única para visitar el Kurdistán Iraquí, convertido hace poco en región autónoma.

En la Embajada Iraquí de Cairo me solicitaron un acuerdo de mi gobierno consintiendo mi viaje a Irak. Así, interrumpí todo tipo de sopas de letras en la Embajada Argentina para pedir la maternal constancia. Me recibe primero el agregado militar, un rosarino de corta estatura envuelto en impecable uniforme pardo. Con inesperado humor me dice: "Vos si que tomaste toda la sopa!" y me lleva con el cónsul. Luego de media hora de espera bajo un cuadro de San Martín septuagenario una mujer inmensa sale de la oficina del cónsul con la carta. Al leerla me doy cuenta de que esta en francés, y dice que el Monsieur Villarino quiere ir a Irak, y que ojala pueda, y que ustedes lo dejen y que Dios lo ayude. La mujer inmensa explica que esta redactada según la Convención de Ginebra. Muñido de la carta fui a la Embajada Iraquí. Allí me dijeron que espere una semana, y luego que espere otra. Alentado por Aleksy que me nombra casos anteriores conocidos, he decidido intentar ingresar a Irak desde Turquía sin visa y con mucha simpatía… Los guardias de la frontera son kurdos y dicen que te sellan el pasaporte y adentro.

Concluyendo la semana, me encontré en plena calle con mi amigo Raúl, de Cluj Napoca, Rumania. Otro de los eventos que nos aguardan, cargados en el tambor del destino. Mañana emprendo camino a Ankara, Turquía, a pelear la visa iraní y afgana.

27 Ene - 3 Feb 2006. En el Sahara quieren saber si en Argentina hay estrellas...




Fotos: 1. Aleksey, Khalim y Amunasar, con cuyas hijas nos querian casar. 2. Khalim carga nuestras mochilas en su carro. 3. En ruta...
Alexey es uno de esos viajeros rusos que da vueltas por el mundo munido de un firme sentido del ahorro . Duenio de un sofisticado ascetismo, ante una boleteria, Alexey no saca un billete, sino que despliega un falso documento que asegura que escribe para una guia de viajes. Si eso no funciona, busca la parte mas baja de la cerca. En viaje desde Rusia a Medio Oriente via Azerbayan, Georgia y Armenia, nuestro caminos se cruzaron en Cairo: a diferencia de los millones de turistas sumidos en el mutuo anonimato, los caminantes terminales sabemos aproximadamente por donde andamos. Asi pronto dejamos el hotel de un dolar cincuenta donde los japoneses hacian piedra, papel y tijera para ver quien tenia el privilegio de lavar los platos, y tomamos la ruta que une los oasis del "Nuevo Valle".
A lo largo de 1000 kms la ruta atraviesa cuatro oasis: Bahariya, Farafra, Dakhla y Kharga. Desde tiempos faraonicos el hombre ha intentado usar estos fertiles enclaves para expandir la franja verde lo maximo posible, transformando el Sahara en tierras cultivables. En la "Era Mubarak" este esfuerzo fue rebautizado Proyecto Nuevo Valle, y es un intento de normalizar la demografia de un pais en donde el 95% de la poblacion vive a lo largo del rio Nilo. Ahora el caos planea transportarse al desierto.
Unos 250 kms separan en promedio cada oasis del siguiente, y aunque atravesamos uno de los escenarios mas desolados del planeta, la ausencia de puntos intermedios hace que casi siempre lleguemos a destino en un solo tramo, ya sea en camiones o en cajas de chatas donde el viento apenas permite la conversacion con campesinos locales itinerantes y enturbantados. Cuando la facilidad con que el horizonte se brinda nos hace decaer la adrenalina, corremos a las vias paralelas a intentar noblemente detener un tren carguero que jamas se detuvo...
En cada oasis algo se mantiene constante: el abuso de oferta y la atencion policial. Cada vez que llegamos a un nuevo pueblo gente a la que no le dimos pie recita a los gritos sus servicios, camionetas-taxi nos preguntan hacia donde vamos –aunque es claro que acabamos de llegar- y todos nos ofrecen un hotel. Aunque uno aclare que ansia comprar un velocipedo, vuelven a ofrecer el hotel con idiotica insistencia. En la mente del egipcio promedio el turista es una criatura en pena que camina por calles foraneas en busca de todo tipo de servicios. Y por supuesto no hay diferencia entre turista y viajero. Los pobres egipcios tienen un poco de dificultad al ajustar sus esquemas al ruso y a mi, y casi siempre fracasan. Asi, la pregunta de: "Donde esa la ruta a Kharga? produce sin excepcion la respuesta "Autobus". "Pero solo buscamos la ruta..." –aclara Alexey. "Autobus". Ad infinitum.
Cuando uno por fin se libra de los mercaderes llega la policia turistica, alias "la remora", que tiene ordenes de averiguar nuestros paradero de cada noche y nuestra direccion para el dia siguiente. Como tales certezas se nos escapan a nosotros mismos los obesos policias terminan aveces caminando kilometros detras nuestro. En una ocasion nos siguieron hasta que acampamos y, no contentos con ello, pretendieron pasar la noche en nuestro fogon, aunque terminaron haciendo el propio a 30 metros, no se si por las calmas explicaciones gramaticalmente correctas de Alexey o porque me puse a cantar "Naranjo en Flor" con el volumen de un loco.
Cansados de tener que hacer tanta gambeta, procuramos recalar en las periferias de los oasis, lejos de hoteles y servicios, mas cerca de los surcos y la gente local. Fue en las afueras de Farafra donde conocimos a Khalim Abdel Khalid Mohammed Hasan. Al igual que los otros hombres del shisha bar hacia burbujear su pipa de agua sonoramente. El hombre de tunica azul, se presento tan rapido como su nombre se lo permitia y nos invito a su granja. Anticipo que alli tenia camellos y aguas termales. Como una granja con camellos y aguas termales no es frecuente ni en el Pareja La Pastora ni en Moscu, el ruso y yo nos apuntamos. Khalim subio nuestras mochilas a una chata-taxi y galopo delante mostrando el camino. Al llegar, el espectaculo bizarro nos hizo olvidar policias, vendedores, incluso la necesidad de una ducha. Era un campo al borde mismo del desierto, la tierra cuajada asemeja el inicio pausado de un terremoto. Se diria a primera vista que alli se siembra y cosecha la mismisima nada. Un camello y dos burros pastan en una esquina, en otro angulo nos espera un fuego donde dos peones tienen el te listo. La barba color ceniza de uno de ellos resplandece sobre la piel amoratada por decadas de sol. Se llama Amunasar, y Khalim nos explica que dormiremos en su casa.
El trayecto a la casa de Amunasar es anecdotico. Khalim monto su caballo y remolco a su vez el camello, quedando Alexey y yo al timon de un carro tirado por burros que cargaba nuestros huesos, nuestras mochilas y al mismo Amunasar. Un grupo de perros trotan al costado, los burros tan lentos que los primeros tienen tiempo de olerse los rabos entre carrera y carrera. Parece que vamos al Arca de Noe. En la casa de Amunasar la comida y la charla abunda, rodeados de algunos de sus 15 hijos. La babelica barrera del idioma hace todo mas divertido: despues de 5 minutos de escucharlos hablar sobre algo que parecia una fiesta –tarareaban distintos ritmos y reian- descubrimos que se hablaba de nuestra propia fiesta de casamiento con algunas de las hijas de Amunasar. Amunasar hace la oferta sin cara de chiste. Rechazamos amablemente sobre la noche estrellada del Sahara. Queremos hablar sobre las estrellas pero no sabemos su nombre en arabe. Ocasion para rebautizarlas? Khalim nos casa de la duda pero nos deja perplejos con su pregunta: En Argentina y en Rusia, tambien hay estrellas? En todo caso, un buen cambio de tema para permanecer solteros.